Desde su remoto origen, la matemática siempre tuvo dos fines: contribuir al progreso de las artes y de las ciencias y procurar diversión. Fueron los griegos quienes imaginaron los primeros problemas en forma de desafío; sus propios dioses intervinieron en este juego cuando Apolo, por boca del oráculo, planteó a los habitantes de Quíos el problema de la duplicación del cubo. Los hindúes extrajeron de su cultura el material para divertimientos matemáticos que encontramos en los cuentos de hadas o en el libro que Lilawati escribió para su hija en el siglo XII. El gusto por estas diversiones sabias cruzó la era medieval de Carlomagno, el renacimiento de Nicolás Chuquet y llegó al siglo XVII con gran fuerza. Pascal, Descartes y Mersenne lanzaron desafíos a lo largo de Europa, generando una verdadera moda entre eruditos y gente común.
Los más grandes matemáticos contemporáneos fueron conservando la tradición de los problemas planteados en forma de juego. Siguiendo las huellas de Northrop, Gamow y Pigeolet, Jean-Pierre Alem nos propone una gran variedad de recreaciones, cuestiones de lógica, paradojas, ajedrez y cuadrados mágicos. Su singular obra incluye además notas relativas a curiosidades matemáticas y a la historia de los conceptos utilizados. ¡No te la pierdas!
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